NO HAY DERECHO AL OLVIDO – NI POR UN MOMENTO

Próximamente se cumplirán 39 años desde que se produjera el golpe de Estado.

Hombres y mujeres, profesionales, trabajadores de la ciudad y del campo, intelectuales e incluso uniformados de las distintas ramas de las fuerzas armadas, fueron perseguidos y castigados por sus ideas.

Particularmente cruento fue el desmembramiento de la estructura sindical, cuya construcción se iniciara en el último cuarto del siglo XIX, yendo desde el mutualismo a las sociedades de resistencia, estructurando mancomunales, pasando por asociaciones, federaciones y confederaciones, para culminar en  la Central Única de Trabajadores, ejemplo en America Latina y el mundo, cuya mayoría de afiliados eran organizaciones únicas por rama y que fue capaz de elegir, en 1971, su directorio en votaciones universales, un trabajador un voto, máxima aspiración del sindicalismo de clase.

Uno de los más importantes objetivos de los golpistas fue destruir la base social que fue el sustento del gobierno popular y de paso eliminar las conquistas sindicales de casi 100 años de lucha.

Obreros y campesinos contaban con organizaciones sindicales facultadas para negociar por ley. Los aprendices y quienes cumplían labores en sus hogares tenían protección legal y remuneración mínima establecida.

La capacidad y el ingenio de los trabajadores no tenían límite. En la minería y la industria fueron capaces de desarrollar repuestos para reemplazar aquellos que negaba el gobierno americano, indignado por la nacionalización del cobre. En el agro la profundización y culminación de la reforma agraria permitió que miles de familias de campesinos pobres tuvieran su tierra y vivieran de sus frutos.

La cultura llegaba a las industrias y los barrios, aumentaron los grupos de teatro, y folklore. La participación de las familias en el sindicato y las juntas de vecinos hizo de estos instrumentos, espacios amplios y participativos.

El convenio CUT – UTE había permitido la incorporación de miles de hijos de obreros a la educación superior.

La instalación de la dictadura implicó la derogación de más de 180 leyes que protegían derechos de amplios sectores de trabajadores. Se dictó un cuerpo legal que retrotrajo los derechos sindicales a mucho antes de 1973 y cuyos efectos son percibidos hasta hoy. Se llamó Plan Laboral y fue promulgado en Julio de 1979 por el ministro de la Junta Militar, José Piñera.

Para la organización sindical el golpe trajo la ilegalización de su accionar, la confiscación de sus bienes  y la persecución, encarcelamiento, asesinato y desaparición de sus dirigentes.

Cientos son los desaparecidos y ejecutados que cumplían labores sindicales al momento del golpe y que por ese solo hecho fueron perseguidos.

René Burdiles Almonacid, 21 años de edad a la ocurrencia de los hechos, obrero agrícola, secretario del Sindicato Campesino el Libertador, fue detenido el día 16 de septiembre de 1973, por carabineros de la Tenencia de Puerto Octay donde se presentó voluntariamente acompañado de su madre.

Al verlo llegar el Teniente Ríos comentó «¡aquí viene otro comunista!» y le ordenó entrar; a su madre la despidió sin dar explicaciones.

Al día siguiente, la Sra. María Almonacid concurrió nuevamente a la Tenencia a preguntar por su hijo, allí le respondieron que había sido puesto en libertad, lo que no era efectivo. Posteriormente, la familia se enteró que el afectado había sido trasladado desde la Tenencia en un vehículo de Carabineros, a la Tercera Comisaría de Osorno junto con otros detenidos: Jorge Ladio Altamirano Vargas y Lucio Hernán Angulo Carrillo, quienes permanecen desaparecidos hasta hoy.

Los familiares continuaron la búsqueda en distintos recintos policiales y de detención de Osorno. En la Tercera Comisaría les informaron, el 20 de septiembre de 1973, que su nombre aparecía en las listas de detenidos, pero ya había quedado en libertad; en el Cuartel de Investigaciones, un funcionario describió a René Burdiles por sus características físicas y la ropa que portaba cuando fue detenido, por lo que se presume que lo vio en algún momento, pero no dio más informaciones.

Es decir, las gestiones realizadas por la familia no dieron ningún resultado que permitiera aclarar el destino de René Burdiles; lo último que se sabe de él es que fue visto por otros detenidos durante su traslado a Osorno y al llegar a la Tercera Comisaría de esta ciudad. Después de esto, se desconoce otro antecedente.

Ofelia Villarroel Latín, 29 años, Ejecutada el 23 de septiembre de 1973. Ofelia era encargada del departamento femenino del Sindicato de Empleados de la Empresa Textil SUMAR.

Fue detenida junto a una veintena de trabajadores en la empresa donde trabajaba, perteneciente al Cordón Vicuña Mackenna. Testimonios múltiples y concordantes de obreros y empleados que se encontraban en el interior de la empresa señalan que las víctimas fueron detenidas allí, por funcionarios del Ejército, y luego separadas de los otros trabajadores que también habían sido detenidos, siendo esta la última vez que se les ve con vida. Los cadáveres de los afectados fueron encontrados en la vía pública, en la carretera General San Martín, lugar desde donde fueron remitidos hasta el Instituto Médico Legal.  Las correspondientes autopsias revelaron que la data de las muertes fue el mismo día de la detención. Los cuerpos presentaban múltiples heridas de bala, además de que todos tenían vendas en los ojos, señal de haber sido ejecutados.

¿Cual fue el delito de René y de Ofelia, y de todos los dirigentes torturados, ejecutados y desaparecidos?.

Trabajar en la construcción de una nueva sociedad, educando a sus compañeros, combatiendo vicios instalados por el capital – alcohol y tabaco entre otros – buscando a través de la organización educación, salud y vivienda para todos.

El retorno “a los cauces democráticos”, más que mejoras de fondo ha implicado tibias reformas y la mantención de carencias. La organización sindical no alcanza a llegar al 10%, siendo que en 1973 el % de organización superaba el 30%.

A la prepotencia patronal y la desidia gubernamental, se une la incapacidad sindical por tomar un rumbo correcto y re – encantar a los trabajadores.

Cierto es que la dictadura obligó a desarrollar instrumentos muy verticales de organización, pero no es menor el hecho de que aún no se democratiza totalmente y en todos los niveles la estructura sindical, lo que mantiene alejados a los trabajadores de los sindicatos.

La sindicalización no experimenta grandes crecimientos y la participación en los sindicatos es – aparte de débil – pobre y desprovista de identidad de clase.

La desconfianza y el descreimiento se han instalado en grandes capas de trabajadores las que, a su vez, penetradas por el individualismo y el consumismo no ven para su desmedrada situación ninguna salida, limitándose a aceptar todas las exigencias que el sistema les imponga.

En pleno Siglo XXI no cuentan los trabajadores chilenos con casi ninguna garantía al ingresar al servicio de un empleador, derechos que si estaban garantizados en 1973.

Ni derecho a uniformes, ni alimentación, ni movilización. Todo está entregado al arbitrio del patrón.

Cada vez son menos los contratados a tiempo indefinido y para cumplir una función específica. Casi no existen  los turnos fijos por determinada cantidad de tiempo, lo que impide planificar la vida familiar, muchos solo ven a sus hijos cuando duermen.

Los mayores de 65 años y los menores de 18 pueden cumplir jornadas completas y sin embargo no gozan del derecho que se les pague siquiera el ingreso mínimo.

El derecho a sala cuna es limitado a la existencia de un número mínimo de trabajadoras por empresa.

Flexibilidad y adaptabilidad, polifuncionalidad, trabajo part- time, subcontrato, contratos de tiempo parcial, son algunos de los elementos que considera la legislación laboral en la actualidad, elementos que dado el alto grado de movilidad que permiten, se encuentran a años luz de aquellas normas que daban estabilidad y dignidad al trabajador y que estuvieran vigentes en nuestro país hasta el año 1973.

Recordamos y mantenemos en la memoria, a los cientos de hombres y mujeres que dieron todo por la construcción del mundo nuevo., mundo que permanece por ahí, esperando ser redescubierto, para transformarse en bandera liberadora, la guía de la clase de los explotados, de los discriminados, de la mayoría de nuestro pueblo.

Bandera en la que están los rostros de Rene, Ofelia, Jenny, Abel y de tantos y tantas que no pueden ser olvidados.

MANUEL AHUMADA LILLO 29-8-2012

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