Discurso de Valentina Saavedra, presidenta de la FECh en acto al terminar la marcha del 16 de abril de 2015, en Santiago.

Valentina SaavedraHoy hemos llenado las calles de alegría y convicción. Nos hemos movilizado por años demandando transformaciones profundas para Chile. Como parte de este esfuerzo, sentimos una gran responsabilidad sobre nosotros y nosotras. Son décadas de historia en que hemos visto que las decisiones en nuestro país se resuelven muy lejos de la sociedad, excluyendo el sentir de las mayorías y privilegiando los intereses de unos pocos.

Los hechos que hemos conocido las últimas semanas, son un reflejo más de la estrecha relación entre empresarios y políticos, y la expresión más clara del abismo que se ha construido entre la sociedad y la política. Más allá de los escándalos de corrupción destapados el último tiempo, hoy vemos cómo las diferencias profundas que dicen tener entre Alianza y Concertación en realidad no existen, cuando al final del día reciben aportes y llegan a acuerdos con los mismos empresarios.

Vemos la impotencia y frustración en la generación de nuestros padres y madres, que pelearon por años contra la dictadura para recuperar la democracia, y depositaron sus esperanzas en una alegría que nunca llegó. Esa democracia se construyó a la medida de los empresarios, con el único horizonte de ponerle un rostro humano a la obra de la dictadura. Ante esto hay quienes dicen que la solución es “Que se vayan todos”. Quienes hemos marchado los últimos años para que nuestras vidas no le pertenezcan al mercado, para recuperar nuestros derechos y porque la política vuelva a ser para y con la sociedad!.

Queremos que entren todos! Se terminaron los tiempos de la política excluyente. Los años de contención de la movilización social y de toma de decisiones de espaldas a la sociedad hicieron crisis, y con ello, se abre un espacio para que la acción decidida y consciente de la sociedad que quiere cambios, que quiere construir su destino, logre avances sustantivos.

La falta de confianza que vemos hacia la política no se va a resolver con un acuerdo por arriba entre los mismos que han construido este sistema. Sino que lo hará en la medida en que la sociedad sea parte de las definiciones de los cambios y que la política vuelva a representar a las mayorías.

A todos nos pesa el descontento de los abusos y las promesas incumplidas, probablemente nuestra primera reacción es querer quedarnos en nuestras casas y renunciar a que las cosas pueden ser distintas. Sin embargo, darle la espalda a la política, es cerrar la puerta a que los deseos y esperanza de la gran mayoría puedan regir el destino del país. Debemos recuperar la política, y tomar el futuro de Chile en nuestras manos, partiendo por aquello sobre lo que ya no tenemos ninguna duda: construir una nueva educación pública.

Cuando hablamos de educación pública, nos referimos a que donde nos formamos como personas y como sociedad, debe ser un espacio regido por principios de colaboración, y que responda a las necesidades del país. Hasta este año, hemos estado impedidos de avanzar en esa dirección, pues la presión de los empresarios de la educación y la iglesia han sido más escuchadas que la sociedad. Nos hablaron de espacios de participación que sólo recogieron titulares, excluyendo nuestras propuestas.La nueva educación debe ser construida por todas y todos.

Cuando a los que cada cuatro años vienen a pedirnos el voto se les cae la cara de vergüenza, es momento de cambiar el rumbo. Hoy tenemos la oportunidad de revertir esta forma de hacer política, es el momento de hacer los cambios que la mayoría de Chile hemos estado tantos años exigiendo. Estos cambios no ocurrirán solos: debemos avanzar nosotros mismos, organizados en todas las esferas que corresponda, a promover la visión y los valores de la nueva educación que queremos gestar. Hacerlo abrirá espacio para una redefinición de la política, y esta nueva política, abrirá el camino para un nuevo país.

Los invito a que nos organicemos y que trabajemos juntos. Quienes tienen el poder en Chile, están organizados y actúan unidos cada vez que la situación se los ha exigido. Y su fuerza se nutre, principalmente, de nuestra desarticulación. Pero la gran mayoría de las situaciones que determinan la vida de nuestras familias, nuestros vecinos, nuestros compañeros y compañeras, no se pueden resolver individualmente. Es necesario que nos acerquemos los unos a los otros, resolvamos nuestras diferencias democráticamente, y propongamos al país, en conjunto, un camino para retomar la soberanía sobre nuestras vidas que el mercado nos arrebató.

Esta no puede ser sino la primera de muchas marchas, donde fortalezcamos la unidad que vemos hoy, entre luchas medioambientales, feministas, educacional, trabajadores, pobladores. Este debe ser el momento en que Chile entero diga ¡basta!, y retome las riendas de su futuro.

Estamos convencidos que Chile merece más, que Chile confía en la democracia, y que no nos conformaremos con una democracia en donde unos pocos se enriquecen con nuestros derechos mientras deciden sobre nuestras vidas. Estamos convencidos de que es posible otra democracia y un Chile distinto, donde la vida nos vuelva a pertenecer

 

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