Para abrir los ojos a la realidad de Haití

GUY GUILLAUMEPor Guy Paul Guillaume

Fuente: http://blog.lanacion.cl/2015/11/18/para-abrir-los-ojos-a-la-realidad-de-haiti/

Sólo la voluntad y la toma de conciencia de todos los pueblos del mundo, y no la ocupación de fuerzas militares, sería el comienzo para restituir la dignidad de los haitianos, plantea en este artículo Guy Paul Guillaume, un haitiano radicado en Chile que tiene como sueño volver a su país para ser un aporte a la reconstrucción de su nación.

Haití, ubicado en el Caribe junto a República Dominicana, está señalado como el país más pobre del mundo. Sin embargo, en la historia de la Independencia de toda América y el Caribe, pocas veces se señala la importancia de Haití en ese proceso, siendo el primer país que abrazó la libertad de forma directa, erradicando el yugo de la colonización francesa en el año 1804.

La isla realizó, desde entonces, aportes relevantes a la independencia de otras naciones de América con financiamiento, armas y hombres, influyendo en la lucha contra la esclavitud con la meta de que no perdurara ninguna colonización en todo el continente. Pese a este esfuerzo, ha estado condenado hasta la actualidad a brutales ocupaciones durante todo lo que lleva de vida independiente.

Lamentablemente, varios países que presentan sus aportes en forma de ayuda, disfrazan sus intenciones, haciendo de ella una ocupación militar del territorio haitiano. No obstante los urgentes problemas de Haití, la solución no pasa por la vía de estas fuerzas y metodología.

La presencia militar en mi país, más que una ayuda, es un vejamen: desde las ocupaciones militares francesas hasta 1804; la norteamericana de 1915 a 1934 y la actual ocupación militar ordenada por la ONU desde el año 2004.

Desde el período de inestabilidad que culminó con la huida del país del entonces Presidente Jean Bertrand Arístide, algunas de las fuerzas de la denominada Minustah han sido acusadas responsablemente por organismos de DD.HH. y Amnistía Internacional de múltiples delitos como la violación sistemática de 225 jóvenes haitianas, repitiéndose lo acaecido en Liberia y en Bosnia en 1995.

A ello debemos agregar que el 12 de enero del año 2010 Haití sufrió un desastre natural de proporciones nunca antes conocidas. Las estadísticas muestran que antes del sismo, sólo el 50% de los niños tenían acceso a la educación, porque desde hace tiempo ya en Haití la educación pasó a ser un lucrativo negocio. Dentro de ese 50% murieron 30 mil estudiantes y además fallecieron 50 mil miembros del personal educativo, lo que representa un grave retroceso. Y si a ello agregamos la destrucción casi total de las infraestructuras, Haití, por sí mismo, no podrá responder a las urgentes necesidades en este sentido.

La ocupación de fuerzas militares en esta parte de la Tierra, como en otros lugares, nunca han sido una real contribución a las verdaderas necesidades y Haití no ha sido la excepción. Durante estas intervenciones nunca se ha construido una escuela, un hospital, una vivienda, un camino, un puerto o instalado medios de comunicación para culturizar a la población.

Los dirigentes que están tomando estas iniciativas políticas por el país y que deben fijar los planos necesarios y prioridades para el pueblo, no lo están haciendo y lo que esperamos los haitianos en esa dirección, no está sucediendo. Más bien Haití, fue, es y será objeto de todo vejamen, mientras no exista la voluntad política y conciencia de reconocerlo como un pueblo y refundarlo como tal.

¿Quiénes están conscientes de lo que ocurre con el pueblo y el territorio de Haití? Hoy es pasadizo para el tráfico de drogas por los países denominados desarrollados y fuente de reclutamiento de “soldados” para ese fin. Niños y jóvenes son raptadas para llevarlas a otros continentes para forzarlas a ejercer la prostitución esclava. Se presume que los toques de queda han permitido que grupos organizados de milicia coludidos con carteles delictuales, ejecuten o protejan estas prácticas y gocen de impunidad. ¿Quién denuncia o coloca freno a esta realidad? No cabe la menor duda que sólo la voluntad y la toma de conciencia de todos los pueblos del mundo en torno a lo que ocurre con el pueblo de Haití, sería el comienzo para restituir la dignidad de los haitianos.

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