Pocos en el mundo justifican la tortura: El 7 de Octubre 50 millones de brasileños votaron por uno de estos para presidente

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Hitler ha vuelto

Escribe Rodrigo Lloret. Publicado por Perfil.

En 2015 se estrenó en Alemania una inquietante película que generó una gran polémica. Basada en el best-seller homónimo de Timur Vermes, Ha vuelto era una comedia dramática –con más drama que comedia–, que recreaba el regreso de Adolf Hitler seis décadas después de su muerte. Desafiando las leyes de la lógica, el Führer se despertaba en la Berlín actual, moderna, pluralista y multicultural, sin poder creer que el país estuviera gobernado por una mujer y que hubiera tantos judíos, homosexuales y árabes por las calles.

Un productor creyó que el dictador era un actor y lo contrató para hacer un show que termina siendo un verdadero éxito televisivo porque Hitler hace de Hitler y grita ante las cámaras: el problema son los judíos, si no hubiera tantos inmigrantes habría más trabajo, los homosexuales son enfermos, los políticos son corruptos y las mujeres no deberían salir de sus casas. El problema es que Hitler convence a varios alemanes que, hay que aclararlo, no son actores sino desprevenidos transeúntes entrevistados para la película. Son muchos, lamentablemente, los que aceptan que la época de Hitler fue mejor.

La película Ha vuelto se estrenó en 2015. Recreaba el regreso de Adolf Hitler, que era bienvenido en Alemania.

El triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil no es ficción, pero repite mucho de la parodia que había sido recreada en el film alemán. El candidato que acaba de ganar la primera vuelta y que está a un paso de convertirse en presidente es un ex militar que añora la dictadura, cuestiona el sistema político, está a favor de la tortura, odia a los negros, aborrece a los homosexuales y aclara que hay mujeres que no merecen ser violadas sin son feas.

Pero, como Ha vuelto nos señalaba con inocultable ironía, el verdadero problema no es Bolsonaro, sino los brasileños que lo han votado a pesar de lo que el candidato dijo en su campaña. O, lo que es peor, por lo que dijo en estos días.

También es cierto que miles de personas se manifestaron en Brasil contra Bolsonaro. Las movilizaciones que se realizaron en las últimas semanas bajo el lema “Ele não” (“El no”) fueron convocadas por organizaciones de mujeres que expresaron su rechazo a las prédicas misóginas, homofóbicas y racistas del ex militar.

La semana pasada, por caso, el Partido de los Trabajadores (PT) lanzó un video para remarcar las cada vez más alarmantes declaraciones de Bolsonaro, que pueden compararse con el discurso de Hitler tuvo durante el nazismo. La imagen de “Ele não” se mezcla en el spot de campaña con la cara de Hitler, tal como se ilustra en la foto que ilustra esta columna.

Las marchas en repudio a Bolsonaro se repitieron en más de 80 ciudades de Brasil y en San Pablo se congregaron más de 200 mil personas, un récord de movilización. Pero en esa ciudad, donde el PT había logrado su mayor fuerza en años anteriores, el triunfo del candidato de extrema derecha fue gigantesco: logró un 47% de votos y su hijo Eduardo se convirtió en el diputado más votado de la historia. No hay duda de que el clan Bolsonaro ha llegado para quedarse.

Lo que preocupa de Bolsonaro no es su filiación ideológica. Lo que realmente horroriza es la liviandad con la que justifica las violaciones a los derechos humanos cometidas en Brasil durante la dictadura. El hombre que puede convertirse en presidente asegura que los militares deberían haber matado a más personas, asegura que el gobierno de facto que se desarrolló entre 1964 y 1985 “fue dentro de las reglas vigentes” y que no llegó al poder por un golpe de Estado porque “eso pasa cuando se da una patada en la puerta y se saca al presidente”.

En cambio, según Bolsonaro “el que declaró vacante el cargo de presidente en esa época fue el Parlamento”. Y agregó: “Abominamos de la tortura, pero en aquel momento era la Guerra Fría y, si hubiésemos perdido, hoy Brasil sería Cuba”.

Las alarmas sobre Bolsonaro también llegaron a las principales capitales europeas y hasta The Economist, la principal revista de negocios de todo el mundo, advirtió sobre el peligro de un triunfo de Bolsonaro. El semanario británico es el medio más respetado por el sistema financiero mundial, pero la respuesta del candidato fue muy simple: The Economist es comunista.

La revista Foreing Policy advirtió esta semana que Bolsonaro no es sólo un populista más de derecha y aclaró que su modelo no es Berlusconi, sino Goebbels. En un interesante artículo demostró que muchos de los recursos que utilizó el candidato brasileño en su campaña parecerían haber salido de los libros del nazismo.

Ocurre que Hitler hizo campaña en base al descrédito de la dirigencia política alemana de la década del 20 y su discurso incendiario antisemita quedaba en segundo plano frente a las promesas de recuperar la grandeza perdida de Alemania. Cuando Hitler llegó al poder, ya era tarde para reparar el error.

Bolsonaro termina sus actos de campaña simulando que tiene una metralleta en las manos y que le dispara a los “políticos que robaron el país”. El candidato de la metralleta obtuvo esta semana el 46% de los votos. Un porcentaje mucho mayor del 33% que obtuvo Hitler en las elecciones 1932.

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